Veamos...
| Izquierda y centro, dos talleristas escuchando con atención lo que dice un niño. |
| Derecha: un tallerista con mirada mimetizada con la de los niños. Al fondo: la maestra, cuya autoridad fue relegada por un ratito. Izquierda: manito levantada esperando la palabra. |
| Despedida de curso: lo que encontramos en el pizarrón ese día... |
¿Estarán ustedes de acuerdo con nosotros en lo siguiente? Se puede ver la disposición de los bancos: uno junto a otro, en lugar de alumnos dándoles la espalda a otros. Por otra parte, la participación de los talleristas en el círculo, y no en un sitio privilegiado, además de la relegación de la maestra al fondo de la clase, tiene una clara simbología de lo que esta metodología representa: el niño se apodera de la palabra, de la idea, de la opinión. El maestro o el tallerista es uno más de ellos, que cumple principalmente el rol de estimular ese proceso, pero no dominarlo. El tallerista se maravilla al igual que los niños, como la segunda foto muestra.
La decoración en las hojas de trabajo escrito funcionan como elemento inseparable del pensamiento: el pensamiento complejo es creativo, definitivamente.
Por último, el agradecimiento que redactaron maestra junto a niños en el último día de clases.
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